Si me hubieran preguntado hace unas semanas quién vencería en un partido entre el Atl. Madrid y el Inter de Milán, la respuesta se habría ido hacia el (ex) equipo de Mourinho, casi sin dudar. Pero las condiciones y circunstancias que rodean a los equipos cambian, felizmente, sino todo sería siempre similar.
Hoy, en la final de la Supercopa Europea, vimos a un Atleti sólido en defensa, quizá su punto débil a lo largo de la temporada pasada, rápido en las transiciones en el medio y con la misma inventiva y vértigo en los metros finales que lo llevaron a ganar la Europa League. Reyes y Simao saben jugar contra las bandas, Forlán y Agüero son unos demonios frente al arco. Un póker difícil de detener.
Del otro lado de la cancha estaba el supercampeón italiano. Llegaba de lograr su cuarto título en la temporada (Supercopa italiana, liga, Champions y Copa del país) y buscaba sumar uno más para tratar de igualar a fin de año, en Abu Dhabi, la hazaña de Guardiola y los suyos versión 2009. La realidad de su rival y el fútbol que (no) mostraron hoy hicieron imposible igualar el récord azulgrana. Ahora Benítez tendrá harto trabajo si quiere volver a volar en el paraíso. Nadie pone en duda su capacidad, será cuestión de darle tiempo y minutos para retomar el nivel.
La Liga y el Calcio arrancan en tan solo unas horas. Uno saldrá a mantener su reinado, el otro buscará acabar monólogo Barça-Real. Lo único que perdurará, al menos por una temporada más, es el increíble récord de 6 títulos de los chicos de Guardiola. Dura misión para el resto.
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